En 1986, Thomas llegó al Instituto de Touraine desde Eritrea para aprender francés. Durante su formación, le robaron la documentación y el dinero… y nunca volvió a verlos.
Casi cuarenta años después, estos documentos se encontraron por casualidad en unas tuberías y se llevaron al Instituto. Tras varias búsquedas, encontramos a Thomas, todavía en la región.
Se hizo cantero y utilizó su talento para construir la catedral de Colonia y castillos en Rusia. Invitado a regresar a Tours con su pareja y su hija, redescubrió su Instituto con gran emoción.
Fue un momento lleno de recuerdos, sonrisas y gratitud, y un recordatorio de hasta qué punto el Instituto de Touraine sigue siendo un lugar cercano a los corazones de quienes han aprendido aquí mucho más que una lengua.
